Cuando comer también requiere apoyo
Cada paciente enfrenta desafíos distintos. Mientras algunos experimentan pérdida del apetito, otros deben lidiar con mucositis (inflamación, irritación y ulceración de las membranas mucosas que recubren el tracto digestivo), sequedad bucal, alteraciones del gusto, dificultades para masticar o tragar los alimentos, además de otros síntomas digestivos como diarrea o estreñimiento). Adaptar la alimentación a estas condiciones marca una diferencia significativa en la evolución de la enfermedad.
Para Julia Iriondo, jefa del Servicio de Alimentación y Nutrición de FALP, el acompañamiento en temas relacionados con la alimentación y nutrición es fundamental en el tratamiento oncológico. Con ese objetivo, especialistas de la institución desarrollaron el libro “Nutrición y Cáncer: Guía práctica de alimentación para pacientes”, publicación que reúne más de 60 recetas especialmente adaptadas a las necesidades de las personas con cáncer y sus familias. El contenido incluye preparaciones para la alimentación diaria, platos para festividades, cócteles y aperitivos, ajustados a la sintomatología y a los distintos regímenes alimentarios que pueden requerirse durante el tratamiento, entregando herramientas prácticas para acompañar cada etapa de la enfermedad.
“Los pacientes tienen muchas dudas, que varían según su diagnóstico y tratamiento. Por eso, la idea no es entregar toda la información de una sola vez, sino realizar una educación progresiva. Es fundamental explicar la patología, cómo puede influir en la alimentación, en su estado nutricional y su efecto en el tratamiento. Por eso es muy relevante preparar el alta con pautas específicas y adaptadas a cada necesidad, la que son entregadas por el equipo de nutricionistas que acompañan a nuestros pacientes hospitalizados. Sin embargo, sabemos que al llegar a casa muchas veces surgen nuevas preguntas o es difícil recordar toda la información recibida. En ese sentido, este libro busca ser apoyo permanente para pacientes y cuidadores, con recomendaciones nutricionales, orientación práctica y contenidos que permitan resolver dudas y acompañar el tratamiento desde el hogar”, afirma Iriondo.
Para Rubmir Dudamel (47), paciente tratada por linfoma no Hodgkin, uno de los efectos secundarios más complejos de su tratamiento fue la alteración del gusto. “Yo siempre tuve apetito, pero cuando terminaba la quimioterapia los alimentos me sabían a fierro y podía pasar hasta dos o tres semanas con un mal sabor en la boca. Como cocino en mi casa, le ponía mucha sal a la comida o le agregaba limón u otras especias para que tuviera mejor sabor. Como paciente, a veces surgen muchas dudas sobre cómo alimentarse, si lo que estoy comiendo me hace bien o mal. Una guía como este libro ayuda a orientarse en ese proceso”, comenta.