Adoptar hábitos de vida saludables puede ayudar a disminuir el riesgo, mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física de manera regular, evitar el tabaquismo, moderar el consumo de alcohol y controlar el peso son medidas que contribuyen al cuidado de la salud prostática.
Además, realizar controles médicos periódicos y conversar con un urólogo sobre los exámenes preventivos, especialmente a partir de los 50 años o antes si existen antecedentes familiares, es fundamental para favorecer una detección temprana.