“Con mi mamá visitamos algunos médicos, hasta que un día fui a donar sangre -lo hago todos los años por una promesa que le hice a mi abuelo- y me pincharon el dedo; ahí me dijeron que tenía los glóbulos rojos muy bajos. Mi mamá quedó con muchas dudas, empezó a preguntar e investigar, y después de gestiones que hizo mi papá, me internaron en Concepción para hacerme una cantidad gigante de exámenes. Notaron un ganglio inflamado en el abdomen, le hicieron una biopsia y el médico dijo que probablemente era cáncer. Mi reacción fue ‘no puede ser’, yo pensaba que el cáncer le daba a la gente mayor”, cuenta Laura, que entonces tenía 18 años y empezaba cuarto medio.
Su mamá, Paula, recordó que hace años había contratado el Convenio Oncológico Fondo Solidario de FALP pensando en la protección de su familia en la eventualidad de que requirieran un tratamiento oncológico. “Ella siempre ha sido así, precavida”, dice Laura. Con su madre, su padre, Marcelo, y su hermano, Benjamín, viajaron entonces a Santiago para una consulta en FALP.
“Yo estaba inmadura, súper asustada, con mucha rabia conmigo porque no entendía lo que pasaba, pero el doctor me dijo que el linfoma de Hodgkin era un cáncer común entre jóvenes, que estaba muy estudiado, que yo tenía un buen pronóstico y que me quedara tranquila. Y me fui calmando. Fue muy loco no poder hacer las cosas que quería hacer, pero había que poner pecho a las balas nomás”.
Se sometió a sesiones de quimioterapia, las que terminaron en noviembre de ese año; luego salió del colegio y durante 2020 tomó clases en un preuniversitario para preparar la prueba de ingreso a la universidad. Quería estudiar Psicología. Pero para cuando le tocó realizar su control anual, sintió algo en la ingle. Pensó que quizás se había golpeado sin notarlo, pero también en que podía tratarse de una recaída.
“El doctor me había comentado esa posibilidad. Así es que cuando se confirmó, tomé la noticia con mucha más calma que la vez anterior, sin miedo y contenta de que lo diagnosticaran rápido. Además, en todo el proceso he estado muy acompañada de mi familia, que me iba sosteniendo para que no cayera tan fuerte; mis amigos también estuvieron conmigo siempre, especialmente Gaby, Vale, Cata, Javi, Catita, Barbi y Eimy. Es lo más importante para mí”.