VISIBLE
Si bien el cáncer de piel se manifiesta mayormente en lesiones que aparecen en áreas expuestas al sol —ya sea de manera permanente o intermitente—, un porcentaje menor se desarrolla en otras zonas, como la planta del pie.
En el origen de los melanomas está la transformación maligna de los melanocitos, el mismo tipo de célula que forma los lunares, por lo que suele ser —aunque no siempre— una lesión pigmentada. El cáncer no melanoma, en cambio, aparece como una pequeña herida que no cicatriza espontáneamente, generalmente en piel expuesta al sol, sangra con facilidad y va creciendo con el tiempo.
El cáncer de piel tiene la ventaja de ser visible. Es por esto que el autoexamen es una herramienta que se debe aprender a utilizar para encontrarlo de manera oportuna. Un melanoma diagnosticado in situ —es decir, cuando no ha traspasado la membrana basal de la epidermis— tiene un buen pronóstico; pero, si progresa invadiendo la dermis e inclusive el tejido celular subcutáneo, el pronóstico se ensombrece, pues tiene capacidad de generar metástasis comprometiendo otros órganos internos, pudiendo ser letal.