Por qué la reconstrucción mamaria es parte integral del tratamiento del cáncer de mama

La extirpación de una o ambas mamas puede impactar profundamente la autoimagen, el autoestima y la vida íntima de las pacientes. Hoy, las alternativas de reconstrucción permiten abordar estos aspectos como parte integral del tratamiento oncológico, de acuerdo con las necesidades y decisiones de cada mujer.

“Es impactante mirarte al espejo y no verte una mama, no tener absolutamente nada. Es como que te sacaran un brazo, una parte del cuerpo demasiado importante para las mujeres”, cuenta Sandra Rivera, paciente oncológica, que en 2020 se sometió a una mastectomía tras ser diagnosticada con cáncer de mama en etapa III.

El plan inicial de los médicos contemplaba extirpar la mama conservando la areola y colocar un expansor para comenzar el proceso de reconstrucción. Sin embargo, durante la cirugía, advirtieron que el cáncer estaba más avanzado de lo previsto y debieron realizar una mastectomía radical, que incluyó sacar el pezón y una parte importante de la piel. Las condiciones de los tejidos impidieron instalar el expansor en ese momento, por lo que Sandra tuvo que esperar alrededor de seis meses para su reconstrucción.

Durante ese período, recurrió a prótesis externas para continuar con su vida cotidiana de la manera más natural posible: “Trataba de seguir haciendo mi vida normal y de no mirarme mucho al espejo, porque eso obviamente me bajaba el autoestima”.

El daño emocional de postergar la reconstrucción mamaria

Aunque la mastectomía y la reconstrucción están cubierta por las Garantías Explícitas en Salud (GES), esta última no cuenta con un plazo máximo para su resolución y, al no ser considerada una cirugía vital, suele postergarse meses e incluso años, pudiendo provocar fuertes daños emocionales y psicológicos en las pacientes.

El doctor Badir Chahuán, jefe de la Unidad de Cirugía Oncológica y Reconstructiva de Mama de la Fundación Arturo López Pérez (FALP), explica: “La mastectomía puede tener un impacto emocional muy profundo en las mujeres. La mama no es solamente una parte del cuerpo; para muchas pacientes está estrechamente relacionada con su identidad, su feminidad, su sexualidad y su imagen corporal. Por eso, cuando una mujer enfrenta la pérdida de una o ambas mamas, no solamente está viviendo el proceso de una enfermedad oncológica, sino que también debe adaptarse a un cambio físico importante, que puede afectar su autoestima y la forma en que se percibe a sí misma”.

A estos desafíos suelen sumarse cambios en la vida íntima. El cáncer y sus tratamientos pueden afectar el deseo sexual, la confianza frente a la desnudez y la relación con la pareja, lo que generalmente queda relegado a segundo o tercer plano en pacientes oncológicos.

“Nos encontramos con que los pacientes no abordan estas temáticas porque no consideran que el aspecto sexual sea prioritario, ya que el enfoque está en la recuperación y el bienestar del proceso oncológico. No obstante, la sexualidad ha tomado importancia de manera paulatina y ha disminuido el tabú en torno a ella”, cuenta Nataly Maturana, psicooncóloga de la Unidad de Salud Mental de Fundación Arturo López Pérez (FALP), quien aclara que este tema ha ido adquiriendo cada día más relevancia en el tratamiento. 

Sandra concuerda con la visión de la psicooncóloga: “Claro que afecta la parte íntima y sexual. Yo me divorcié a los años después y no soy la única, hay muchas mujeres que luego de pasar por esta enfermedad se separan, porque obviamente somos otra persona después de vivir el cáncer de mama”.

Reconstruir para recuperar

Actualmente, existen diferentes opciones quirúrgicas para reconstruir la mama. Están los implantes, que suelen requerir una etapa previa con expansores, y las técnicas que utilizan tejidos de la propia paciente. En algunos casos se opta por la reconstrucción inmediata, realizada durante la misma cirugía oncológica y que permite que la paciente conserve el volumen y la forma de la mama luego de la intervención. En otros, se recomienda una reconstrucción diferida, una vez que la paciente ya ha avanzado en su tratamiento. La decisión depende de factores como la extensión de la enfermedad, la necesidad de radioterapia, los tratamientos complementarios, las condiciones de salud y la calidad de los tejidos, además de las preferencias de la mujer.

“La reconstrucción mamaria debe entenderse como parte integral del tratamiento del cáncer de mama y no como un procedimiento exclusivamente estético o secundario. Durante muchos años, el principal objetivo de la cirugía oncológica fue extirpar el tumor y controlar la enfermedad. Hoy, sin perder nunca esa prioridad, sabemos que también debemos preocuparnos de cómo vivirá esa mujer después de la operación, de su imagen corporal, su bienestar emocional y su calidad de vida”, explica el Dr. Chahuán.

Así lo confirma Sandra. “Aunque nunca va a ser como antes, la reconstrucción me permite vestir de una manera más natural. Las cicatrices quedan, pero al mirarme al espejo siento que soy la misma de siempre. Hoy día me siento muy linda con mis mamas, incluso mucha gente no se da cuenta”, agrega.

Para Badir Chahuán, la idea es acompañar a las pacientes en todo el proceso del cáncer y comprender que la reconstrucción mamaria es un derecho y una alternativa que se debe ofrecer, aunque la decisión final siempre será de la paciente. “En FALP abordamos el cáncer de mama desde una perspectiva multidisciplinaria y trabajamos en conjunto con oncólogos médicos, radioterapeutas, enfermeras y psicooncólogos. Además, integramos la cirugía oncológica y reconstructiva dentro de la planificación del tratamiento. Cuando las condiciones lo permiten, ofrecemos una reconstrucción inmediata para que la paciente no deba atravesar un período sin su mama. Pero si esto no es posible, la acompañamos en el proceso de espera”. 

My Nipp: una alternativa para reconstruir la areola y el pezón sin cirugía

Tras una mastectomía, existen opciones para recuperar la apariencia del complejo areola-pezón sin someterse a una nueva intervención quirúrgica. Una de ellas es My Nipp, emprendimiento de la arquitecta Beatriz Palma, en el que desarrolla prótesis externas hiperrealistas para mujeres que han pasado por un cáncer de mama.

Elaboradas en silicona biocompatible, estas prótesis reproducen el color, la textura y el relieve de la areola y el pezón. Se adhieren directamente a la piel mediante un adhesivo especial, son removibles y reutilizables, y no requieren agujas ni procedimientos invasivos.

Para Beatriz esta alternativa ayuda a que las mujeres puedan reencontrarse con su imagen y recuperen la confianza frente al espejo: “La reconstrucción tiene tantas formas y significados como mujeres existen. Para algunas, recuperar la apariencia de su complejo areola-pezón representa cerrar una etapa; para otras, es recuperar algo que sienten propio, volver a mirarse con confianza o dejar de ver en el espejo un recordatorio permanente de la enfermedad. Y, aunque desde fuera pueda parecer un detalle pequeño, para muchas pacientes tiene un significado enorme”.

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