Estos avances adquieren especial relevancia en mujeres con mamas densas, es decir, aquellas que contienen una mayor proporción de tejido glandular y fibroso que tejido graso. Esta condición es más frecuente en jóvenes, disminuye con la edad y puede dificultar la detección de algunas lesiones mediante mamografía convencional o incluso en una tomosíntesis (mamografía 3D). Su utilización también es relevante en lesiones menores a un centímetro y en el seguimiento de mujeres que reciben quimioterapia antes de la cirugía, pues permite evaluar la respuesta al tratamiento y entregar información clave para definir los pasos a seguir.
Esta tecnología incorpora herramientas de inteligencia artificial que apoyan la interpretación de las imágenes y ayudan a identificar hallazgos sospechosos. Además, cuenta con control permanente de las dosis a través de vigilancia dosimétrica realizada por físicos médicos, lo que permite monitorear la cantidad de radiación administrada, garantizando altos estándares de seguridad para las pacientes.
“La mamografía con contraste ayuda a diferenciar con mayor certeza las lesiones benignas de las malignas y, según el caso, puede complementar la información entregada por la resonancia magnética y favorecer la toma de decisiones más precisas”, indica el jefe de la Unidad de Imagenología de FALP.
Si bien en la mayoría de los casos se indica de manera complementaria a la resonancia magnética, también representa una alternativa para pacientes que no pueden someterse a este examen, ya sea por claustrofobia o por ser portadoras de implantes metálicos.