El delirium está muy subdiagnosticado. “Si uno ve las estadísticas, puede afectar del 10 al 30% de los pacientes. El problema es que no se pesquisa precozmente, porque no se busca de manera activa, entonces lo primero es educar a todos los profesionales de la salud, desde la enfermera, al nutricionista, al terapeuta ocupacional, al kinesiólogo y a las diferentes especialidades médicas, y a la familia también, porque finalmente son ellos los que están más en contacto con el paciente y son los primeros en darse cuenta”, afirma la Dra. Quilodrán.
Asimismo, la especialista comenta que evaluar un paciente con delirium tiene que ver con observar ciertas características o comportamientos en él tales como: agitación, somnolencia, cómo vocaliza, o también porque la misma familia lo reporta. “Muchas veces es muy simple hacer cambios para que el paciente vuelva a sentirse mejor, con factores vitales y no farmacológicos como la utilización de un calendario, un reloj, estimulación, hidratación, una habitación iluminada, entre otros”.
“Hay mucho desconocimiento acerca del delirium y esto genera gran angustia y preocupación en la familia y el paciente. Explicarles que esto es reversible, que hay una causa subyacente, que su familiar volverá a reconocerlos, a orientarse, que podemos hacer algo para su manejo y que ellos son un pilar fundamental en la evolución de este cuadro entrega tranquilidad, participación y empodera en cuanto a las herramientas en salud”, finaliza la jefa de Oncogeriatría de FALP.