También comenta que quienes han sido fumadores pasivos tienen entre tres y cuatro veces más probabilidades que aquellos que no fuman.
El cáncer de pulmón suele ser asintomático en sus inicios, lo que retarda su diagnóstico. Algunos síntomas que podrían alertar sobre su presencia son tos persistente, baja de peso, expectoración con sangre, dolor torácico y disnea o dificultad para respirar.
“Todos los fumadores pesados, es decir, aquellos que consumen más de diez cigarrillos diarios, deberían someterse a exámenes preventivos en forma rutinaria. Hace 20 o 30 años, se consideraba que la población más susceptible estaba entre los 60 y los 75 años. Se les pedía una citología de esputo (una muestra de expectoración) y una radiografía de tórax. Hoy, la edad bajó a 50 o 55 años y el método más eficaz es el TAC de dosis baja o TAC sin contraste, que ha sido fundamental para la detección precoz, porque permite ver nódulos pequeños, de dimensiones menores a 8 milímetros”, detalla el especialista.
También los tratamientos han cambiado y cubren todos los estadios del cáncer de pulmón: “La cirugía ha resultado ser eficiente no sólo en las fases iniciales. Uno puede usarla como arma principal hasta etapas más avanzadas, pero dentro de un tratamiento multimodal, que involucra a las nuevas quimioterapias, anticuerpos monoclonales e inmunoterapia, y nuevos sistemas de radioterapia, entre los que están la tomoterapia y la cibercirugía”.