En FALP, la Unidad de Medicina Integrativa (UMI) se encarga de apoyar emocionalmente a los pacientes que comienzan un tratamiento oncológico. Además del trabajo realizado por psicólogos, psiquiatras y arteterapeutas, ofrece terapias complementarias –yoga, terapia de flor estilo Okada, terapia depurativa estilo Okada, reiki, pilates– y la orientación de un asistente social.
“El soporte se inicia con la evaluación de un psicólogo y, de acuerdo a la sintomatología y necesidades del paciente y la familia, se abordan intervenciones estratégicas desde ahí. Si, por ejemplo, se presentan ciertos niveles de angustia o temores ante el tratamiento, se pueden derivar a ciertas terapias complementarias como terapia depurativa; cuando existe sintomatología ansiosa o depresiva más compleja, abordamos desde psiquiatría. Lo importante es que no lo tratamos de manera aislada”, afirma Damián Enríquez.
En ese sentido, si por ejemplo se quiere facilitar la expresión emocional de los pacientes y el reconectarse con su aspecto más lúdico, se trabaja con arteterapia, que busca promover bienestar a través de la creación artística, como pintura o manualidades. Cuando se trabaja en grupo, se vuelve además una estrategia para devolver a los jóvenes a lo social, “porque a veces con la enfermedad se van alejando de su grupo de pares y ya no pueden realizar ciertas actividades que antes eran significativas”. Así, sirve para motivarlos y generarles redes de apoyo, pudiendo expresar sus temores e intereses en un contexto protegido, donde no se sienten juzgados.
La creación de un grupo de Whatsapp entre pacientes jóvenes atendidos por la UMI ha sido otro tipo de intervención utilizado: “Ha tenido buenos resultados ante la necesidad de estar con un par que está viviendo lo mismo, pero no necesariamente por ello van a hablar de la enfermedad, sino de cualquier tema cotidiano, como las conversaciones sociales que se pueden tener en el colegio o en una fiesta. Se hizo fundamentalmente con pacientes hematológicos que tienen largas hospitalizaciones y presentan dificultades para poder relacionarse con otros pares en la frecuencia que lo hacían regularmente antes de los tratamientos. Eso genera también un cierto grado de contención y sentido de pertenencia” En cuanto a los padres, se revisan estrategias de cómo abordar a sus hijos: “Como el adolescente quiere hacerse partícipe en las decisiones de cómo desea vivir su enfermedad, se debe trabajar en cómo no ser tan permisivos, pero tampoco tan sobreprotectores”.
Y también es importante brindarles a ellos contención y fomentar su autocuidado: “Ellos son los cuidadores principales, eso también les va generando un desgaste”.