Cáncer colorrectal: detectar a tiempo para cambiar su historia en Chile

El test FALP Colon Control (FIT) permite identificar lesiones antes de que generen síntomas, abriendo una oportunidad concreta para reducir la mortalidad de una de las enfermedades más frecuentes del país.

El cáncer colorrectal avanza en silencio. En Chile, su alta incidencia contrasta con una característica que dificulta su control: durante años puede desarrollarse sin dar señales. En ese período, sin embargo, ocurre una transformación clave.

“El cáncer colorrectal suele desarrollarse lentamente, a partir de pólipos que pueden tardar entre 7 a 10 años en convertirse en cáncer. En sus etapas iniciales, la mayoría de los pacientes no presenta síntomas”, explica la doctora Macarena Larraín, Onco-gastroenteróloga endoscopista de FALP.

Esa aparente ausencia de riesgo es, precisamente, el mayor desafío. Cuando aparecen signos como sangrado, anemia o cambios en el hábito intestinal, muchas veces la enfermedad ya está avanzada. Por eso, el foco hoy está puesto en anticiparse. “Detectarlo precozmente permite identificar pólipos o cáncer en etapas iniciales, cuando las posibilidades de curación superan el 90%. Por eso, la detección precoz es la herramienta más efectiva para cambiar el pronóstico de esta enfermedad”, enfatiza la profesional.

En ese escenario, el test FALP Colon Control (FIT) se ha consolidado como una de las principales herramientas para acortar esa brecha. Su lógica es simple, pero su impacto puede ser decisivo: detectar sangre oculta en las deposiciones, invisible a simple vista, que puede ser señal de lesiones tempranas. “Es una prueba no invasiva y permite identificar a las personas que requieren una colonoscopía para confirmar el diagnóstico”, detalla la especialista.

Más allá de su capacidad diagnóstica, el valor del FIT está en su potencial para cambiar el curso de la enfermedad a nivel poblacional. Su uso periódico permite intervenir antes de que el cáncer se desarrolle o cuando aún está en fases tempranas. “El uso periódico del FIT permite detectar lesiones antes de que se transformen en cáncer o en etapas muy iniciales. En programas internacionales se ha demostrado una reducción de la mortalidad en hasta un 20% a 30% gracias a la utilización de este test”, señala la doctora Larraín.

A esto se suma un factor clave: su accesibilidad. A diferencia de otros exámenes, el FIT se realiza en casa, no requiere preparación ni genera molestias, lo que lo convierte en una puerta de entrada efectiva a la prevención. “Es un excelente primer paso para prevenir. Solo las personas con resultado positivo requieren colonoscopía, lo que permite focalizar este examen más invasivo en quienes realmente lo necesitan”, agrega.

Así, más que un examen, el FIT se posiciona como una herramienta capaz de cambiar la historia del cáncer colorrectal en nuestro país, pasando de ser una enfermedad detectada tardíamente a una que puede prevenirse y tratarse a tiempo.

Alimentación y prevención
Una dieta saludable ayuda a reducir el riesgo de cáncer colorrectal. Se recomienda aumentar el consumo de frutas, verduras y alimentos ricos en fibra, y limitar la ingesta de carnes rojas, procesadas, alcohol y ultraprocesados. Mantener un peso adecuado y realizar actividad física también son medidas clave. Estos hábitos, junto con el chequeo preventivo anual, permiten disminuir el riesgo y favorecer una detección oportuna de la enfermedad.

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