5 datos clave de la salud cardiovascular en los pacientes con cáncer

La quimioterapia y radioterapia pueden afectar la salud cardiovascular durante el tratamiento o incluso años después. Conocer estos riesgos y realizar un seguimiento adecuado permite prevenir, detectar y tratar oportunamente estas complicaciones, sin comprometer la eficacia de las terapias oncológicas.

Enfrentar el cáncer también implica cuidar el corazón. En este contexto surge la cardio-oncología a comienzos de los años 2000. “Nuestro rol es prevenir, detectar y manejar a tiempo la cardiotoxicidad, para evitar, en lo posible, que sea necesario suspender las terapias y que esto comprometa el pronóstico del paciente”, explica el Dr. Manuel Rodríguez, jefe de la Unidad de Cardio-oncología de FALP.

1. Algunos tratamientos contra el cáncer pueden afectar al corazón

La cardiotoxicidad puede manifestarse como insuficiencia cardíaca, arritmias, enfermedad coronaria o alteraciones valvulares, incluso años después de finalizado el tratamiento. Entre las terapias asociadas a mayor riesgo se encuentran las antraciclinas, trastuzumab y algunos inhibidores de tirosina cinasa.

2. La radioterapia también puede tener efectos cardiovasculares

Cuando la radioterapia se aplica en el tórax también puede afectar estructuras cardíacas, como arterias coronarias, válvulas, pericardio y el sistema eléctrico del corazón. Sin embargo, las nuevas técnicas de radioterapia, junto con evaluaciones cardiovasculares previas y los controles durante el tratamiento, permiten reducir al mínimo estas complicaciones.

3. El riesgo no es igual para todos los pacientes

La evaluación debe ser personalizada. Las personas con antecedentes de enfermedad cardiovascular, factores de riesgo como tabaquismo o sedentarismo, determinadas comorbilidades, edad avanzada o quienes recibirán terapias con potencial cardiotóxico pueden requerir un seguimiento más estrecho.

4. El seguimiento permite detectar alteraciones antes de que aparezcan los síntomas

El control cardio-oncológico puede incluir la revisión de la historia clínica, evaluación de electrocardiograma, ecocardiograma y determinados biomarcadores antes del tratamiento. Durante la terapia pueden realizarse controles seriados y seguimiento posterior. En algunos sobrevivientes, sobre todo en quienes tuvieron cáncer en la infancia, la vigilancia puede extenderse por décadas.

5. Cuidar el corazón también es parte de la recuperación

La evaluación debe ser personalizada. Las personas con antecedentes de enfermedad cardiovascular, factores de riesgo como tabaquismo o sedentarismo, determinadas comorbilidades, edad avanzada o quienes recibirán terapias con potencial cardiotóxico pueden requerir un seguimiento más estrecho.

En los últimos años se han incorporado nuevas herramientas diagnósticas, como técnicas avanzadas de ecocardiografía y biomarcadores, además de estrategias y medicamentos cardioprotectores para determinados pacientes. “Estos avances redefinen el paradigma de cuidado: el foco ya no está solo en tratar el cáncer, sino en proteger el corazón durante y después del tratamiento, con un enfoque más personalizado y multidisciplinario”, afirma el Dr. Eduardo Bórquez, especialista en cardio-oncología de FALP, y agrega: “No se trata solo de prolongar la vida, sino de asegurar que esa vida sea digna, funcional y significativa”.

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