“La ciencia demuestra que no es una intervención peligrosa o insegura, más bien, solo trae grandes beneficios. Además, es costo-efectiva, es decir, tiene una serie de ventajas para el paciente y la institución, como la reducción de hasta el 60% del valor del trasplante o la liberación anticipada de camas para ser utilizadas por otras personas que están en espera”, agrega el Dr. Ramírez, experto en hematología.