El cáncer de colon ha aumentado en Chile en los últimos años, llegando a convertirse en el segundo más frecuente y el tercero más mortal. Encontrado en forma precoz tiene altas posibilidades de curación, pero estas se van restringiendo conforme la enfermedad avanza.
El Dr. Jean Michel Butte, cirujano digestivo del Instituto Oncológico FALP explica que el grupo de pacientes con cáncer de colon que son diagnosticados en fases avanzadas es cada vez mayor. Este incluye a personas con tumores que han crecido en forma importante, comprometiendo un órgano adyacente, como el páncreas; a aquellas cuyo cáncer, independientemente de su tamaño, no necesariamente compromete un órgano adyacente, pero se disemina haciendo metástasis, en la zona abdominal, al hígado o el peritoneo; y, por último, a pacientes que se operaron de un cáncer localizado de colon, pero éste regresó tiempo después en el mismo sitio operatorio.
“En general, en muchos lugares se considera que estos pacientes no son tratables, que están fuera del alcance quirúrgico, y son enviados a quimioterapia paliativa o a cuidados paliativos. Sin embargo, se ha visto que el tratamiento de las metástasis, de la recidiva o que incluya la extirpación de órganos adyacentes se asocia a una mejoría en la sobrevida y algunos pacientes se pueden curar. Para esto, es necesario tratarse en un centro oncológico donde exista un equipo profesional multidisciplinario, porque muchas veces recibirán una combinación de tratamientos —cirugía, quimioterapia, radioterapia—, y con cirujanos oncólogos que tengan formación y experiencia en esta situación en particular”, enfatiza el Dr. Butte.
Así, existe hoy un conjunto de alternativas quirúrgicas altamente complejas para pacientes con cáncer de colon avanzado —entre las que se cuentan HIPEC (ver ilustración) o la extirpación de metástasis hepáticas en uno o dos tiempos, por ejemplo— cuyo objetivo es remover la enfermedad en su totalidad. Para determinar si es posible cumplir con esa condición, los pacientes requieren ser evaluados con imágenes de buena calidad por un equipo especializado.
Además, se debe considerar si las condiciones generales de salud de la persona son adecuadas para enfrentar una operación de esa envergadura. Esto implica su evaluación por parte de un equipo que incluye anestesistas, geriatras, cardiólogos y médicos internistas e intensivistas. En algunos pacientes más complicados, se realiza una prehabilitación con kinesiólogos para mejorar su función cardiopulmonar.
“Los riesgos, beneficios y expectativas oncológicas frente a una de estas intervenciones se discuten previamente con los pacientes de forma detallada, eso es clave”, aclara.