“Fue una época en que me atreví a hacer cosas. Me inscribí en cursos de baile, en Pilates, en todos los talleres terapias complementarias de FALP, creé talleres de relajación o autoestima en el preuniversitario… ¡Fui a un recital de Chayanne y pude gritar! Mis amigas se morían de vergüenza y yo les decía ‘da lo mismo, puedo hacer lo que quiera’. El cáncer cambia tu postura frente a la vida para siempre. Hoy tengo la oportunidad de seguir viviendo, y de vivir mejor que antes”.