En el plazo de una semana, Ricardo Solar pasó de sentir un bulto que describió a Marta, su esposa, como un ganglio inflamado, a notar una masa del tamaño de una pelota de ping pong que incluso le causaba molestias en el oído.
En Curicó, el médico le recomendó buscar un especialista en Santiago. La elección fue FALP, ya que Marta, hace doce años, había contratado el Convenio Oncológico Fondo Solidario e incluyó a Ricardo como carga. “Soy profesora y lo tomé en mi trabajo, en la Escuela Cataluña de Curicó, El Convenio nos ha servido muchísimo. De hecho, después de que surgió lo de Ricardo, otros 10 colegas míos lo tomaron”.
En el Instituto Oncológico FALP, a Ricardo y Marta les comunicaron que se trataba de un cáncer. “Cuando escuchas eso te quedas pegado a la silla. Y cuando aceptas que es una realidad, dices ‘y ahora qué hago’. Afortunadamente, el médico dijo que cuando saliera de la consulta me iba a estar esperando una señorita de la Unidad de Enlace. De ahí en adelante se nos simplificó la vida”.
La Unidad de Enlace ha acompañado a Ricardo en todo su proceso de atención, desde los trámites administrativos hasta tomar horas. Tratar su linfoma no Hodgkin le ha significado asistir a quimioterapia, controles médicos y visitas a distintos especialistas.“Cuando te sientes acogido, no tienes problema en preguntar para dónde vas o qué hay que hacer. En la Unidad de Enlace el trato con el paciente va más allá de la atención profesional y empieza a ser familiar; esa es la cercanía que uno quiere y que se logra”.
Cinco meses han pasado desde que estuvo por primera vez en FALP hasta su última quimioterapia, este mes. “Desde ese día y hasta ahora lo primero que hacemos cuando llegamos es ir a saludar a las chiquillas de la Unidad de Enlace porque han sido nuestra salvación”, finaliza.