“Crear una Ley de Cáncer obedece a una necesidad. Ya hay iniciativas como guías clínicas o protocolos, tanto para tratamientos, alivio del dolor o estrategias de prevención. No obstante, eso no ha sido suficiente, porque hay un aumento sostenido de los casos de cáncer y un encarecimiento de los costos”, comenta la Dra. Ana María Ciudad, radioterapeuta del Instituto Oncológico FALP y miembro de la Comisión Nacional de Cáncer como vicepresidenta de la Sociedad Chilena de Cancerología. “Era un anhelo de profesionales, sociedades científicas y particularmente de la sociedad civil el que se pudiera dar respuesta a esta demanda creciente y a todos los aspectos que involucra. Crear un Plan Nacional de Cáncer significa contar con una normativa legal para poder garantizar financiamiento y un trabajo sostenido y ordenado en el tiempo para poder resolver o mejorar el tema del cáncer en el país”, agrega.
“La importancia de esta ley es que permite establecer políticas mucho más claras. Hasta ahora, todo estaba parcialmente articulado, hablábamos de GES para ciertas patologías o de políticas antitabaco para prevenir el cáncer de pulmón, por ejemplo, a diferencia de los países desarrollados, donde ya existe una normativa con la meta de ir a la prevención, diagnóstico, tratamiento y recuperación de las personas con cáncer”, reflexiona el Dr. Luis Villanueva, médico oncólogo de FALP y parte de la Comisión Nacional de Cáncer como presidente de la Sociedad Chilena de Oncología Médica.
“Uno de los objetivos es uniformar y reducir la inequidad entre el sistema público y el privado. La idea es que este Plan sea transversal y plantee un mismo marco de acción, ya sea que se cuente con Fonasa o Isapre”, recalca el Dr. Roberto Rosso, radioterapeuta de FALP e integrante de la Comisión Nacional de Cáncer como vicepresidente de la Sociedad Chilena de Radioterapia.
En este nuevo panorama, donde se busca abordar el cáncer de manera integrada y organizada, los especialistas coinciden en que FALP seguirá aportando en su manejo.
“Definitivamente, con sus profesionales, infraestructura y tecnología, FALP termina siendo un espejo que podría servir de referencia a otras entidades o a los nuevos centros de cáncer que van a existir, de cómo se debe trabajar en cáncer, con un modelo de atención integral que incluya la prevención, favorezca la recuperación y disminuya las complicaciones y gastos. Además, es una institución que, sin ser parte de la red pública, trata a una gran cantidad de pacientes de ese sector y sabe qué entregarles. Tiene un rol muy importante en la sociedad, el de ser prestador para las instituciones de salud del Estado y así sustentar y equilibrar la demanda”, resume el Dr. Villanueva.