Ricardo ingresó a FALP como vigilante en 2003, gestando una larga trayectoria que lo hizo colaborar en diversas áreas de la Fundación. Conocido por su prolijidad en el trabajo, su compromiso y su gran sentido de responsabilidad, los cuales lo llevaron a ser supervisor del área de Vigilancia. Además de su buen desempeño laboral, Ricardo era conocido por su cercanía, carisma y buen humor, lo que le significó ser apodado Papi Ricky.