Menos tiempo, mayor impacto en la vida diaria
La principal diferencia con la radioterapia tradicional está en el tiempo y la precisión del tratamiento. Mientras los esquemas convencionales pueden requerir entre 30 y 40 sesiones repartidas en semanas o meses, el hipofraccionamiento permite tratar patologías frecuentes en un número significativamente menor de sesiones, e incluso, en su modalidad más avanzada –conocida como ultra hipofraccionamiento– necesitar solo entre una y 5 sesiones.
“Conforme aumenta la precisión del tratamiento, es posible entregar dosis elevadas de manera segura y efectiva. Esta reducción en tiempo se traduce en menores ausencias laborales, menos períodos de licencia médica y un impacto mucho menor en la rutina familiar”, destaca el Dr. González.
Los beneficios para los pacientes son múltiples: menos viajes al centro oncológico, menor desgaste emocional y psicológico, y también un ahorro económico. “No solo se beneficia el paciente, sino también los prestadores de salud y los organismos que financian los tratamientos, como Fonasa, isapres y el Estado”, añade.
Asimismo, el hipofraccionamiento también ha demostrado ser una estrategia altamente costo-efectiva para los sistemas de salud. “Tuvo un auge importante durante la pandemia por COVID-19 y es la técnica indicada cuando se necesita reducir listas de espera y mejorar el acceso a tratamientos oncológicos. No existe hoy otra alternativa más costo efectiva en ese escenario”, afirma el subdirector médico de Radioterapia.
En cuanto a los desafíos para ampliar su implementación, el especialista es claro: “La tecnología existe tanto en centros públicos como privados de nuestro país. Sumando esfuerzos, la solución al problema de acceso a radioterapia está disponible”.
Cada año, cerca de 15 mil pacientes con indicación de radioterapia no logran acceder oportunamente a ella. “Frente a este escenario, FALP ha puesto a disposición del país su Unidad de Radioterapia Avanzada y Radiocirugía Robótica, con foco especial en los pacientes más vulnerables”, agrega.
Actualmente, el hipofraccionamiento se emplea principalmente en cáncer de mama, especialmente tras cirugías conservadoras, y en el cáncer de próstata reemplazando o complementando a la cirugía.
Tecnología al servicio de la precisión
El desarrollo del hipofraccionamiento ha sido posible gracias a modernos aceleradores lineales, capaces de realizar modulación de intensidad, imágenes en tiempo real, control del movimiento y estrictos protocolos de control de calidad.
“El ultrahipofraccionamiento, que va de una a cinco fracciones, solo puede realizarse de manera segura con equipamiento de última generación, inmovilización avanzada y control permanente del tratamiento. En FALP contamos con el Cyberknife M6, equipo único en Chile en el área de radioterapia robótica estereotáxica”, enfatiza el especialista.
Dada la precisión submilimétrica que ofrece este equipo, uno de los aspectos más relevantes de esta técnica es su buena tolerancia. “Las complicaciones severas se presentan en menos del 1,5% de los pacientes y, cuando ocurren, suelen ser transitorias”, explica el Dr. González. Los efectos más frecuentes incluyen fatiga pasajera o molestias intestinales leves, dependiendo de la zona tratada.
Con evidencia científica robusta, beneficios claros para los pacientes y un impacto directo en la eficiencia del sistema de salud, el hipofraccionamiento se consolida como una de las principales herramientas del presente y futuro de la radioterapia oncológica. En la práctica, permite reducir significativamente la duración total del tratamiento, sin disminuir su eficacia en el control del cáncer.