El desafío de formar especialistas y empoderar a los pacientes frente al cáncer en Chile

Durante décadas, el cáncer fue entendido como un “enemigo” al que había que derrotar de manera definitiva. Hoy, esa mirada ha quedado atrás. La realidad es otra: el cáncer no es una enfermedad excepcional, es frecuente y es parte de nuestra vida cotidiana, por lo que formar especialistas y empoderar al paciente es un reto ineludible.

En Chile, al menos la mitad de las personas que viven hoy desarrollarán algún tipo de cáncer a lo largo de su vida. La mitad de ellas —es decir, un cuarto de la población— probablemente fallecerá por esta causa. Al mismo tiempo, gracias a los avances en diagnóstico y tratamiento, estas patologías se han transformado en enfermedades crónicas con las que miles de personas viven durante años, trabajando, formando familia y desarrollando sus proyectos personales.

Este nuevo escenario obliga a un cambio profundo de enfoque. El cáncer ya no es solo un problema médico: tiene impactos familiares, sociales, laborales y financieros.

Un desafío educativo profundo

Frente a esta realidad, la educación emerge como una herramienta central. No solo para formar especialistas, sino también para empoderar a los pacientes y preparar a la población sana para prevenir, detectar precozmente y acompañar, especialmente en un contexto donde el conocimiento oncológico evoluciona de manera constante.

La información cambia, se actualiza y se complejiza, por lo que no basta con acumular datos: se requiere criterio, prudencia y humanidad para interpretarlos y aplicarlos. “La educación médica en cáncer no puede limitarse a competencias técnicas”, afirma el Dr. Luis Marín, subdirector médico de Cirugía Oncológica y director académico de Fundación Arturo López Pérez (FALP).

“Hoy, formar oncólogos implica desarrollar vocación de estudio permanente, humildad intelectual para reemplazar conocimientos que quedan obsoletos y, sobre todo, una profunda orientación al bienestar del paciente como persona integral”, agrega.

Pero la educación no termina en el equipo de salud. Los expertos precisan que educar al paciente es igualmente imprescindible. Un paciente informado puede participar activamente en las decisiones sobre su tratamiento, considerando no solo aspectos clínicos, sino también su estilo de vida, sus valores y sus convicciones más profundas respecto de la vida y la muerte. “Esa participación mejora las decisiones, fortalece la adherencia a los tratamientos y contribuye a un sistema de salud más justo y eficiente”, explica el especialista.

Educación y acompañamiento en la atención oncológica

FALP ha desarrollado un trabajo sistemático de educación dirigido a pacientes y comunidades, integrado a las distintas etapas de la atención clínica. Durante la ruta asistencial, la información se refuerza en momentos claves del proceso terapéutico y se entrega en un lenguaje claro y preciso, considerando que el diagnóstico suele recibirse en contextos de alta ansiedad. “Este enfoque busca facilitar la comprensión de los tratamientos, favorecer la adherencia y fortalecer la relación entre los equipos de salud y los pacientes”, cuenta el Dr. Luis Marín.

En este ámbito, la institución ha implementado instancias formales de participación, como la Comisión de Educación —integrada por profesionales y pacientes— y el Consejo de Pacientes y Familiares, espacios que permiten incorporar la experiencia de quienes viven la enfermedad en la revisión y mejora de los procesos asistenciales, educativos y comunicacionales.

Desde una perspectiva más amplia, distintos actores del ámbito sanitario coinciden en que el abordaje del cáncer requiere no solo tecnología y tratamientos innovadores, sino también estrategias que promuevan el acceso al conocimiento y el diálogo entre pacientes, familias y equipos de salud.

“Educar en cáncer es, en el fondo, una manera de cuidar. Cuidar la inteligencia, cuidar la dignidad y cuidar la esperanza. Y ese cuidado —cuando es sistemático, riguroso y éticamente orientado— transforma no solo a los pacientes, sino también a quienes tenemos el privilegio de atenderlos”, concluye el Director Académico de FALP.

Educación y acompañamiento en la atención oncológica

FALP ha desarrollado un trabajo sistemático de educación dirigido a pacientes y comunidades, integrado a las distintas etapas de la atención clínica. Durante la ruta asistencial, la información se refuerza en momentos claves del proceso terapéutico y se entrega en un lenguaje claro y preciso, considerando que el diagnóstico suele recibirse en contextos de alta ansiedad. “Este enfoque busca facilitar la comprensión de los tratamientos, favorecer la adherencia y fortalecer la relación entre los equipos de salud y los pacientes”, cuenta el Dr. Luis Marín.

En este ámbito, la institución ha implementado instancias formales de participación, como la Comisión de Educación —integrada por profesionales y pacientes— y el Consejo de Pacientes y Familiares, espacios que permiten incorporar la experiencia de quienes viven la enfermedad en la revisión y mejora de los procesos asistenciales, educativos y comunicacionales.

Desde una perspectiva más amplia, distintos actores del ámbito sanitario coinciden en que el abordaje del cáncer requiere no solo tecnología y tratamientos innovadores, sino también estrategias que promuevan el acceso al conocimiento y el diálogo entre pacientes, familias y equipos de salud.

“Educar en cáncer es, en el fondo, una manera de cuidar. Cuidar la inteligencia, cuidar la dignidad y cuidar la esperanza. Y ese cuidado —cuando es sistemático, riguroso y éticamente orientado— transforma no solo a los pacientes, sino también a quienes tenemos el privilegio de atenderlos”, concluye el Director Académico de FALP.

FALP y la formación como responsabilidad institucional

Desde hace casi seis décadas, FALP ha asumido la formación oncológica como parte de su misión. Primero, con la transmisión de conocimientos a través de tutorías; luego, desde 2011, mediante programas académicos formales; y desde 2021, con la creación de su Dirección Académica, la cual está orientada en tres frentes: formación de profesionales, educación continua y educación de pacientes.

Actualmente, FALP forma 19 de los 34 oncólogos médicos que se gradúan anualmente en el país. En conjunto con instituciones como la Universidad de los Andes, la Universidad San Sebastián y la Universidad de Valparaíso, desarrolla programas de subespecialización quirúrgica con énfasis oncológico, hemato-oncología, radioterapia avanzada y formación en enfermería oncológica.

“Conscientes del rol central de la atención primaria, iniciamos además un curso de oncología para médicos y otros profesionales de la salud de las regiones de Valparaíso y O’Higgins, en el que hoy participan 98 personas”, explica el director académico de FALP. Además, agrega, durante el último año se formaron 493 estudiantes en oncología entre profesionales y técnicos, y se realizó formación continua a 740 profesionales y técnicos que ya trabajan en FALP.

En radioterapia, además, FALP cuenta con una residencia de especialidad que se realiza en conjunto con la Universidad de los Andes, y con un Magíster internacional en técnicas avanzadas de radioterapia desarrollado también junto a esa casa de estudios y auspiciado por la Agencia Internacional de Energía Atómica.

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