La autotoma responde directamente a esas barreras. Al eliminar la necesidad de espéculo en esta etapa inicial, transforma el examen en un acto de autocuidado cómodo, privado y flexible. Desde una perspectiva de salud pública, además, es una herramienta de equidad: permite llegar a mujeres de zonas rurales, trabajadoras con horarios complejos o comunidades con menor acceso a especialistas.
“Para impulsar su implementación se requiere un modelo integral: oferta activa dirigida a población rezagada, plataformas moleculares validadas, educación clara y sistemas robustos de seguimiento que aseguren que cada resultado positivo tenga un circuito oportuno hacia una evaluación especializada. Sin trazabilidad, el impacto se diluye; con un sistema organizado, puede cambiar indicadores poblacionales”, afirma la Dra. Carolina Selman.
Estas acciones se alinean con la estrategia global de la Organización Mundial de la Salud para eliminar el cáncer cervicouterino como problema de salud pública, basada en tres pilares: vacunación, tamizaje efectivo y tratamiento oportuno. En Chile, el Programa Nacional de Inmunizaciones protege a niños y niñas contra el VPH, incorporando actualmente la vacuna nonavalente en dosis única en cuarto básico, una medida que amplía la protección frente a distintos tipos virales.
El cáncer cervicouterino es, probablemente, uno de los pocos cánceres que podemos aspirar a eliminar. La autotoma de VPH no es solo una innovación técnica: es una oportunidad para acercar la prevención a quienes hoy están fuera del sistema y avanzar hacia una medicina más humana, accesible y equitativa.